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Un mito, una mentira enero 17, 2012

Posted by Cerbuntico in Ciencia, Cultural, Filosofía, General, Historia, Humor, Medicina, Mitología, Psicología.
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En escritos míos (sea en este blog o en otros, incluso en los desaparecidos “MSN Spaces”) he mencionado varias veces mi apología hacia la palabra “MITO”, que en una de sus acepciones (la principal o lo que en el buen lenguaje se llama “Significado cabal”) alude a una verdad que se debe interpretar con los medios adecuados -algo así como los idiomas, si quieres leer algo debes saber el lenguaje que utiliza, sino no podrás leer o entender lo que se buscaba decir-; pero en esta ocasión me centraré en el significado terciario de la misma, es decir, la que indica a un mito como una mentira creada para que muchos incautos se dejen envolver por ella y se fanaticen al buscar vanamente defenderla: Marx y el marxismo.

En uno de los textos de este personaje “Miseria de la Filosofía” de encuentra la siguiente frase: “La revolución es una secuencia automática de la dialéctica de la lucha de clases” (Engels mencionaba en unos escritos suyos que “A la naturaleza hay que enfrentarla y dominarla”; ¿acaso la naturaleza es enemiga del hombre para que este busque luchar con ella?, por esa forma de pensar es que la ecología nos dice que hemos descuidado mucho de nuestro hogar); la frase antes mencionada pareciera ser de alguien que luchó por sus concepciones, que practicó adecuadamente un estilo de vida acorde con sus principios; así nace el mito de este personaje que en realidad es una reverenda mentira, pero antes de que alguno que e lea suponga que lo que digo no tiene validez alguna, me atengo a la historia, ya que para entender esta moda (que para suerte ya pasó) hay que conocer y entender a quien la inició (ya que es una doctrina basada en un hombre que ni fue revolucionario ni fue violento).

Karl Heinrich Marx nació en Tréveris, Alemania, el 5 de mayo de 1818 en el seno de una familia muy numerosa, donde el fue el segundo de ocho hermanos, pertenecía a lo que ahora llamaríamos “clase media”, o específicamente “pequeña burguesía” (es decir, que en vida fue un espléndido intelectual burguéz, típico ejemplar de la mitad del siglo XIX), sus padres eran de religión judía aunque parecen no haber sido más que tibios seguidores de algunas de las formas externas de dicha forma religiosa. Su niñez fue como la de cualquier otro niño proveniente de una familia marginada por sus orígenes raciales (tomando en cuenta que Europa Central estuvo convulsionada tras las Guerras Napoleónicas que terminaron en 1815), fue su padre quien lo inició en la lectura; para 1835 eingresó a la Universidad de Bonn donde fue captado por algunas ligas de estudiantes: “Los Jóvenes Hegelianos” y “Los Jóvenes Liberados”, eran grupos distintos a los actuales, ya que quienes los integraban solo se limitaban a conversaciones y a escribir panfletos (algo que se hizo moda en la Europa post Revolución Francesa -1879); De allí paso a la Universidad de Berlín donde estudió Derecho, Filosofía e Historia, entre quienes fueron sus catedráticos encontramos a Savigny (quien le enseñó Derecho Positivo), KJarl von Ritter (catedrático de Determinismo Geográfico) y varios hegelianos que le impresionaron en demasía. Se doctoró en 1841 con la tesis “Relaciones del hombre y el mundo en Demócrito y Epicuro” (trabajo clasicista que años más tarde relacionaría con el sentido hegeliano de la comprensión del proceso histórico, del cual lamentablemente cogió la forma pero no la esencia); sus contemporáneos lo describen como “un joven de mente atormentada, algo misógino y melancólico, amigo de escribir mucho y hablar poco”. En 1842 dirigió un pequeño periódico de corte radical “Rheinische Zeitung”, en el cual sus apasionados colaboradores desbordaron en prudencia y el gobierno prusiano los puso a todos fuera de la ley, ¿qué hizo Marx?, pues en lugar de enfrentar la situación con su aparente sentido radical, lo que hizo fue huir a París, fue allí donde conoció a su compañero de toda la vida, colaborador ideológico y protector económico (por no decir que fue quien lo mantuvo a él y a toda su familia): F. Engels, también contacto fugazmente con Proudhom y se desligó del pensamiento hegeliano (como ya mencioné, Marx coge solo de Hegel la forma, pero no hace lo mismo con la esencia de sus ideas, es decir que asume la dialéctica hegeliana aunque dándole un rumbo materialista que Hegel jamás habría aprobado; a propósito se menciona que las últimas palabras de Hegel fueron “Hubo uno que me entendió y ni siquiera ese me entendió”; claro que hay una parodia de esa leyenda, donde las palabras de Hegel debieron de haber sido “Hubo uno que me entendió y a ese no lo entendí yo”), también se desligó del romanticismo ilustrado de Feuerbach. Aparentemente rompió con todas esas corrientes para volver a las doctrinas más sociales de los denominados “Socialistas Utópicos”. Empezó a elaborar sus propias doctrinas con la colaboración de engels y publicó un folleto que paso por entonces desapercibido “Manifiesto Comunista”, fue expulsado de Bélgica para regresar a París (donde sus escritos considerados peligrosos  lo obligaron a huir, vaya “revolucionario”, ¿no que uno debe morir por sus ideas?), de París marcha a Londres (julio de 1849) donde se establece definitivamente. Marx fue muchísimo más prudente en esta ciudad, es cierto que jamás dejó de escribir, pero se abstuvo de publicaniones que lo comprometiesen; además su vida privada se complicó, ya que su esposa Jenny von Westphalen, con quién se casó en 1843, le dió numerosos hijos de los cuales tres mujercitas murieron prematuramente (el colmo de un “economista”, tener varios hijos sabiendo que sus egresos son máyores a sus ingresos); ¿Qué quiero decir con esto?, que el “gran” Marx, experto en materias y temas económicos era un perfecto inútil  para ganarse a vida, claro está que lo intentaba constantemente, pero fue el auxilio de su amigo Engels el que gracias a su fábrica textil lo ayudó a que sobreviviese decorosamente (o sea que en la práctica Marx llevó una vida  de “pequeño burgués” tal y como lo fue su padre, claro que en sus escritos “parece un revolucionario nato”, pero repito ¿acaso uno no debe vivir lo que dice y no solamente decir lo que supuestamente hace?). Marx mantuvo contacto con personas e instituciones de todo tipo, aunque prefirió siempre las de corte radical; fue uno de los firmantes del Acta de Fundación de la “Asociación Internacional de Trabajadores” (que se disolvió apenas nacida en 1864, ello por las rupturas internas entre los seguidores de Marx y los Bakuninistas de tendencia anarquista). Marx fue un observador de los hechos de su época, los que inevitablemente para él, mascaron su doctrina al extremo de vaticinar que la revolución obrera comenzaría muy pronto en Inglaterra y luego de llegar a España llegaría dificultosamente a Rusia (¿XD?), para el que tiene básicos conocimientos de la historia universal ello es una “mala profecía” o mejor dich, Marx fue un “mal profeta”; esto en el sustento de que de los textos que él escribió en Inglaterra, principalmente “El Capital” (que los marxistas mitifican atribuyéndolo integramente a él cuando fue coautoría de este y de Engels) que está impregnada de un cientificismo abundantemente ribeteado de afirmaciones de corte dogmático, profético, casi “bíblico” (otra ironía, ya que el mencionaba que la religión era el opio del pueblo y ¿acaso él no creo una especie de nueva forma religiosa siendo la biblia de estos sus adeptos este libro de tres tomos?). Su esposa, que pertenecía a una aristocrática familia de Renania (¿otra ironía del destino?) fue un digno ejemplo de virtudes familiares y lo ayudó siempre con abnegación enternecedora, a su muewrte Marx no pudo reponerce de su pérdida y él, que tanto había combatido toda forma de romanticismo, murió dos años más tarde (un 14 de marzo de 1883) con el nombre de su esposa en los labios, dejó así tres hijas educadas en las formas de la media burguesía. Es con su desaparición física cuando nace un verdadero movimiento marxista y entra así en el mito; Engels asumió por derecho natural su “legado”, completando así el segundo y tercer tomo de “El Capital”, que se publicaron en 1885 y 1889 respectivamente; contribuyó activamente con la formación de la “2ª internacional” (aunque, por otras ironías, la 1ª pasó desapercibida, fuera de los círculos radicales) y se relacionó con dirigentes rusos afines al marxismo (Plejanov entre ellos), cuyas consecuencias posteriores habrían de ser decisivas en los cambios de la historia del siglo XX. El más importante crítico de Marx fue el alemán Eduard Bernstein, quien canalizó el naciente socialismo hacia los sindicatos (algo que Marx jamás habrñia hecho; otra ironía e su existencia y legado, ya que él hizo algo parecido con las ideas hegelianas, ahora a él se lo devolvían); tal situación provocó la escisión del Movimiento Marxista en 1890; para fines del siglo XIX el marxismo se descompuso (así como lo hace un cadaver, algo que ya perdió su vigencia) en distintas corrientes agrupadas según dos grandes tendencias (una ortodoxa que propiciaba una ruptura violenta con la sociedad de la época, representada por el checo Karl Kaustsky, la alemana Rosa Luxemburg y llegando así hasta V. I. U. Lenin; la otra parlamentarista, como la de los laboristas británicos nacidos a fines del siglo XIX). Lenin, hombre de acción transformó el marxismo primitivo científico-didáctico en una doctrina mucho más clara y práctica; su indudable carisma personal le permitió dirigir la Revolución Rusa de los Mencheviques o blancos (a quienes algunos llaman “los rosados” por ser muy “lights”) para después transformarla en la de los Bolcheviques o rojos, a quienes dirigió terminada la Primera Guerra Mundial (1918), con mano de hierro y bajo formas norotiamente tiránicas (¿y la voz del pueblo?); este pèrsonaje cogió al mito-Marx como bandera (aunque el viejo universitari alemán solo sirvió de pedestal y sus doctrinas fueron transformadas radicalmente), con el pasar de los años el mito creció haciéndose totalitario y exclusivista (cuenta otra anécdota que  un marxista, presentado sarcásticamente en la revista “Le Grapouillot” en 1982, decía: “¡Todos son fascistas!… Lo son De Gaulle, churchill, Pio XII, Fangio, Kenedy, el ratón Mickey, el pato Donald,…” Es que, aunque para los no comprometidos nos parezca cómico y ridículo, muchos de los marxistas -me refiero a los que vivieron en los años 70´s y 80´s del siglo XX principalmente, no a los que ahora solo por haber leido algunos folletos y haber escuchado supuestos atisbos revolucionarios que jamás tuvieron lugar se hacen o creen tener el derecho a llamarse sus seguidores - creen que hasta las figuras de los dibujos animados, la de los “comics” son naziz o fascistas). en definitiva su credo es tan simplón como el del más brutal de los antigus inquisidores y del mismo modo querían llevar a la hoguera a todos los que no son marxistas ¡a la vez que se habla de confraternidad entre los pueblos, qué duda cabe de la ironías y contradicciones en que este personaje y sus seguidores (verdaderos e imitadores) caen! Algo que también se quiere creer de este “mito” es que se sabe todo sobre ella (esto es una cortina de humo creada por los mismos marxistas), esto no es real ya que las personas no estan muy informados (ni siquiera los propios marxistas; es obvio que ello es el objetivo del presente trabajo recopilatorio, aclaro); lo digo ya que tratando de adaptar la verdad a sus propias creeencias los marxistas otorgan a su “movimiento internacional” una gran originalidad, o sea para ellos esto fue un suceso único e irreversible (cuado no, otro de sus mitos); insisto en que si tuviesen un poco más de dedicación en las lecturas del curso de historia lo sabrían mejor (muestra de que solo repiten las cosas “como loritos” y ni siquiera piensan si de verdad las cosas son ciertas o no, por lo menos lo que se cuentan entre ellos) para muestra un botón: “El primer movimiento `comunista´ de la historia” (de la conocida claro está, aunque pueden haber existido otroa anteriores que aún no conocemos) fue el que acaeció en Frigia en elsiglo III a.C., siendo su último exponente un tal Espartaco durante su permanencia en el Roma durante el siglo I a.C.; luego de esta ocurre otra surante el siglo XVIII cuya explosión externa fue  la Revolución Francesa (la cual los marxistas quieren tipificar de “burguesa”), pero en el siglo XIII ya encontramos numerosos movimientos en europa que promueven la exaltación de lo económico sobre lo espiritual (“los Pobres de Lyon”, “Los Beguinos de Bélgica”, “Los Fraticelli de Italia”,…), también numerosas sectas de toque místico se entrelazan con las sociedades secretas; así el ala radical  e “izquierdista” de la Masonería tendrá influencias pre-marxistas, negando el primitivo espíritu , realmente místico, de los “Hijos de la loba”. Es notable el que miembros destacados de la nobleza colaborasen con esto (por ejemplo Desagulier, gran maestre masón que en 1719 se infiltra en la dinastía de Hannover). Es cierto, es tanta la confución generada por tales cortinas de humo que en temas de historia inmediata hay frases que ya no sabemos si las dijo Marx o Lenin (pues tantas han sido las “revisiones” y la influencia de las logias secretas en el nacimiento, desarrollo y expansión del marxismo; la misma “Revolución Rusa” de 1917 que de rusa no tuvo nada y que la resonancia en el siglo XX de la otra, la Revolución Francesa, de 128 años antes fue más notoria). Con la promesa de un mundo más feliz, el marxismo creó un mundo enorme de infelices, en aquellos lugares dende la líne ortodoxa se impuso los pueblos sufren una miseria sin fin (racionamientos de gasolina, de alimentos y con la constante observación de una burocracia encima quitándoles hasta el último atisbo de libertad personal), el capitalismo liberal es también un mito que marcha hacia el desastre, pero por lo menos dentro de este se puede protestar, elevar la voz, esa voz que es un privilegio natural en el hombre ¿creen que los pacifistas que se manifestaban en Londres lo hubiesen podido hacer en Moscú de aquellos años?, claro que no, y tanto es así que los “pacifistas” verdaderos jamás lo habrían intentado; las excepciones se pudren en los “Gulag”. Tan hábil fue el “mito” que en loas pasadas décadas del siglo que pasó los jóvenes de aquel entonces se escandalizaron por los campos de concentración alemanes y la persecución de los judíos y no hayan visto lo mismos campos de concentración y las mismas persecuciones de minorías étnicas en dichos paises comunistas. Los ortodoxos que llaman a los parlamentarios “socialistas decafeinados”, han logrados que estos últimos en lugar de reaccionar los admiren.

Sinceramente se puede hablar más a este respecto, sobre el neomarxismo sobretodo, por ejemplo la de la infortunada figura del aristócrata argentino Ernesto “Che” Guevara Lynch, callando otras de mucha mayor envergadura doctrinaria, como la de Mao Tsé Tung, quien en su libro “Yu-Chi-Chan” (traducido titularía “Guerra de Guerrillas”) divide en siete capítulos la estrategia global mucho más sutil y elaborada que cualquier otra (por algo este maestro de escuela proponía no una revolución a lobestia, sino una revolución cultural, algo muy distinto de lo Leninista o incluso lo Marxista). Mao es un experto en estrategia táctica y guerra psicológica, llegando a afirmar “Las guerrillas, por sí solas, no pueden conducirnos a la vistoria final”, supera a Marx y a Lenin al percibir claramente que una idea recolucionaria no puede ser planetaria, sino que debe adaptarse a cada sitio y época uniendo hábilmente su “revolución sin tiempo”; en otra frase suya menciona “carece de importancia la condición social de las personas”, esto es completamente distinto a la “dictadura del proletariado” de Marx, así como a lo de la tan mentada y mentida “lucha de clases”. Según el mito marxista los uniformes son símbolos de fascismo, lo irónico es que  en los paises que fueron comunistas son los uniformados quienes sostienen -o mejor dicho sostenían- el sistema de gobierno (¿o no Fidel?). Mao recalca la importancia de lso uniformes, ya que esto refleja otra interior, recomiendo además crear en los pueblos un estado de “ansiedad psicológica” manteniendo la unidad básica de la sociedad (por si no lo entiende me refiero a la familia), claro que “debidamente fiscalizada”, ya que todo marxista tiene “terror a la libertad”. Ho-Chi-Ming, enemigo de los trotskistas, exalta incluso el nacionalismo (algo que se hizo patente en su lucha contra  los japoneses y franceses), para él lo más importante es “la toma de la mente a través de la frustración”, es notorio que ha estudiado mucho (sobre todo al milenario libro de “El arte de la guerra” de Sun Tzú y el Ou-Tsé), en lo que se puede llamar su “testamento” él se queja de haber podido enseñar a su pueblo a morir, pero no a vivir ¿qué dijo Marx a este respecto?… NADA, claro que esl mito que nos quiere hacer creer el Marxismo lo sigue encumbrando, desconociendo las limitaciones de aquel pequeño burgués que proyectó lo que vio en la sociedad vistoriana de su tiempo a un futuro de ciencia-ficción. Algo que no se puede despreciar son los valores del espíritu, ya que estos son irremplazables, quienes lo olvidan se condenan a vivir en la mentira y la artificialidad. ¿Quieres ser original?, cumple todos tus principios, no violes los de los demás, aprende a comprender que eres parte de la naturaleza y no su dueño, entiende que hay cosas que van más allá de los apetitos sensoriales y que ello es lo que lo nutre, piensa si lo que te dicen es cierto e investígalo para que puedas crecer más no solo en intelecto sino tambiñen en sabiduría, ya que ello es lo que brinda experiencia, ello es lo que hace que uno evolucione y re-evolucione (que es el término adecuado), es decir, volver a evolucionar a cada paso, a cada día.

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Comentarios»

1. Stephen Stoutner - enero 21, 2012

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2. Ruth - enero 23, 2012

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